
Mientras lees, escucha esta hermosa canción de Jacob Collier (Heaven/Butterflies):
Está plantada, todavía es rociada por finas gotas cristalizadas que brotan del luminoso amanecer. Es el único amor que ha conocido.
La providencia ha sabido acariciar sus pétalos, engrosar su tallo, avivar su color.
Los temporales la han impregnado de la resistencia que caracteriza las cosas sútiles, las cosas etéreas.
La flor no ha sido elegida. Espera, con una sonrisa de perlas, con ojos de botones dorados, con cabello de maíz amarillo. Espera, con soledad, y teme que la piedra que trata de empujar hacia la cima de ese monte caiga encima de su dulce cuerpo. Es más grande, por supuesto, que ella, pero cede ante su esfuerzo. Intenta redefinir, en su misma sangre, el mito de Sísifo.
Para ella, el sinsentido de la vida tiene fugas, no es definitivo, porque es roceada por el amanecer, porque la Providencia acaricia sus pétalos, porque esa misma Providencia tiene cuidado de ella.
La flor no ha sido elegida. Para ella, ser elegida no significa separarse de la rica tierra, tan llena de nutrientes, tan reacia a soltarla. Ser elegida es ser amada.
Sabe que está condenada a esperar. Ella sabe que las condenas guardan fragilidades, y que en su mano esconde la llave de sus prisiones, que son de paja y pasto. Las condenas, en esencia, están hechas de esperanzas rotas…
¿Y si su esperanza es irrompible?
Doraly Castillo Sánchez
La flor no sido elegida
Nota: Este escrito pasó, de mis notas realizadas a mano, al blog. A veces se me olvida que el ejercicio de escribir a mano es revelador.
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