Sobre el oficio o el arte de escribir

Me gustaría decir que comencé a escribir motivada por el amor a los libros, por la musicalidad de las palabras o las descripciones pintorescas, pero… lo cierto es que comencé por las razones más tristes y en soledad. Creo que, cuando estamos solos, se despierta una abeja laboriosa dentro de nosotros, como hecha de eternidad, y nos pica el cerebro. Esa abejita nos ronda hasta hacernos producir miel.
Sin saber exactamente qué era poesía, escribía en mi diario. Escribía para mis amigas, para hacerlas sonreír, pero cuando no escribía para ellas, escribía para mí, sobre mis miedos, sobre mis disociaciones, sobre el dolor, sobre lo mucho que me costaba seguir respirando. Mi diario estaba lleno de alegría para compartir y de tristeza para guardar. Así pasaron algunos años hasta que el dolor supo encontrar otro lugar donde habitar, lejos de mi carne.
Hoy escribir para mí es seguir contando la historia de la humanidad, seguir explorando nuestro universo inverosímil y vasto. Escribir es tratar de ponerle palabras a la existencia que se escapa en cada oración. Escribir es el arte de algunos valientes que se rasgan el alma para que otros se la coman. Por favor, respeten nuestra entrega. Escribir también es quitarle al otro lo suyo y ponerlo en nuestro contexto, es prestarle las palabras al que no las tiene. Escribir es vivir.
Doraly Castillo Sánchez
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