Cuando muera, ¿quién se quedará con mis libros?

Memento Mori

Una mañana tomé un libro que le pertenecía a alguien. Estaba su nombre, algunos párrafos subrayados, la letra imprecisa de un niño, pequeñas notas entre páginas que proponían planes, metas, reuniones, que exponían preocupaciones. Al pensar en el fallecido y sus deseos, pensé: ¿Quién cuidará mis libros cuando muera?, ¿Quién se detendrá en esas palabras que repasé, en las que no entendí, en las que suponían un mundo de significados?

No suelo subrayar o incluir anexos, solo escribo mi nombre, fecha y dónde lo compré, detrás, en la contraportada del libro. Aun así, quiero que alguien, como yo, urge en ellos, que alguien intente descifrarlos, descifrarme en ellos.

¿Con quién más dialogarán las palabras que deje atrás? Esas estarán en otras ediciones del mismo libro, pero hablo de las ideas que llegaron a mi mente mientras leía ese preciso manojo, de mis reflexiones, de mis abstracciones, de las penas, de la alegría, del enojo, de la risa. ¿Qué otras ideas nacerán de él?

¿Quién se quedará con mi biblioteca personal, la que construí por años?, ¿Saben lo preciadas que son para mi cada una de esas obras, esos autores? Espero que no sea alguien insensible que las tire, que las deje llenar de polvo, de carcoma, que las deje en el tiempo y que éste a su vez las devuelva a su inicio. ¡Necesito que alguien se ocupe de ellas!, ¡Cuánto dolor siento al pensar en ellas tiradas, dejadas, olvidadas!, ¡Necesito que alguien más las ame!

Esos libros son mi bien (material e inmaterial) más preciado. Sería hermoso que posaran en otros estantes, en otras mentes, que esas páginas se desplacen en otros dedos, en otros marca páginas. ¡Quiero que alguien más los ame!

Sé que si un día los queman, las cenizas se transformarán en mí: unas ideas, unas convicciones, muchas ignorancias, algunos miedos.

Doraly Castillo Sánchez

¿No te preocupan tus libros?

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