No le digan Rocío

«Canto y cuento es la poesía…»

Antonio Machado

A ella le picaba la sien, le picaban las comisuras de la boca y las manos. Ella caminaba cada tarde por las aceras vegetativas y la cadencia en sus caderas le anunciaba la raíz. No, no le temía a las noches solitarias; se aferraba a ellas con los dientes. Se decía en su lengua la poesía cóncava, las fútiles palabras. Su casa estaba llena de aparatos muertos, de muebles hundidos por el desuso.

En la esquina se comentaba la muerte de su cama, triste pérdida. Sus cuencas siempre han testificado el asesinato. También, chismorreaban de sus pies, siempre descalzos y limpios; no tenía ésto una explicación lógica. Esos vecinos se atribuían la tarea de acabarle lo alucinante a Rocío, de quitarle lo atrayente y mágico. Estas calles eran las más vacías y sucias, sus personas de hierro y azafrán no sabían más que no ser nada.

Cerca del estero sucedieron algunas cosas: se hundieron las casas de paja, unas cajas de res, y nació ella. Rocío, hija de Rita Bacilia. Su concepción fue penosa, su niñez… se arrastró en el estero.

Hoy se arrastra en las calles, en las plazas, en los baños públicos; tiene los pies limpios.

Caroma, todo es culpa de Caroma… maldita anciana.

Doraly Castillo Sánchez

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