/Carta por el día de las madres / Para mi sol: Lucy/

Mientras lees, escucha esta canción de Sleeping at last (Mother):
Esta carta te la escribo con las lágrimas a punto de nacer. Me siento como quien experimenta por primera vez el sentimiento de ser amado.
De ti, mamá, he aprendido a mirar los ojos de la persona con la que se habla. A escuchar sus sentimientos, a considerar al otro como a mí misma.
De ti he aprendido a enseñar lo que se lleva dentro, a multiplicar lo que se aprende. En ti he visto materializada la idea de que lo que sé no me pertenece.
De ti he aprendido a respetar las diferencias, las opiniones diversas. He aprendido el respeto de tus palabras sabias y cuidadosas, caricias.
De ti he aprendido a tender la mano sin esperar nada a cambio. A sonreír aunque la vida se ponga difícil de llevar en la mochila.
De ti aprendí a esperar siempre por tiempos mejores, con la mirada llena de ilusión y anhelo. He aprendido a esperar por las cosas buenas con un hambre voraz.
De ti he aprendido que muchas cosas no son posibles, y que en ellas no se encuentra la garantía de una vida más fácil, o mas plena. Me enseñas con tu vida, a valorar la mía, mis días en la tierra.
De ti he aprendido, que el dinero va y viene, al igual que la felicidad. Me has enseñado a construir paz en medio de un mundo que ambiciona un éxito molesto. Has atajado el ruido de este mundo con tu sonrisa, tan limpia y clara.
De ti he aprendido, mamá, a llorar cuando se tiene que llorar, a reír cuando se tiene que reír, a celebrar de forma sencilla las grandes victorias. De ti aprendí, que merezco un helado después de cada cobro, después de cada examen aprobado. Un helado, o lo que quiera. Es una gratificación por haber sido fuerte.
De ti aprendí que, las promesas, si no van a ser cumplidas, es mejor no hacerlas.
De ti aprendí a priorizar una buena comida, una buena plática, una buena siesta. Nuestras siestas siempre nos reparan. Gracias por enseñarme a descansar.
De ti aprendí a vestirme para la comodidad, y no por apariencias. Hay vestuarios que no nos representan por el simple hecho de no sentirse bien en nuestra piel. No me enseñaste a maquillarme, pero sí a cargar siempre un buen ánimo en el rostro. Pusiste oro en mis manos creyendo que eran simples pedazos de cristal.
De ti aprendí, mamá, que en ocasiones no es malo no estar de primeras en nuestra lista cuando alguien nos necesita. Que está bien priorizar al herido.
De ti aprendí que es mucho más valioso amar, que ser amado… Lo que amamos es lo único que nos llevamos.
De ti aprendí que Dios es el único camino seguro debajo del sol. Y este es el aprendizaje más importante.
Gracias, mamá, por enseñarme tanto…
Doraly Castillo Sánchez
Escribí esta carta en la madrugada. Hasta que las ideas no quedaron plasmadas, no pude conciliar el sueño. Tenía tanto que no lo experimentaba… fue hermoso.
Cuéntame qué es lo que has aprendido del ser que te trajo a este mundo:
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