Poema por el día de los padres

En tu corazón sentí unas carcajadas vibrantes… audible sentir el mío, el tuyo el sentir del infante que fui, que soy.
En tus ojos vi el reflejo de unas manos pequeñas que buscaban la dulzura de tu amada, que apretaban tu dedo. Vi una sonrisa adormilada y débil.
Creí ser la lágrima que casi asoma cuando me miraste.
¡Cántame otra vez!
El peso de tu voz a mi oído cautivó cuando tenía meses, cuando cumplí dos, cuando conté los años que cumplimos, que tenemos.
¡Oh, me has vivido!
Me viste caer a los tres y contaste hasta diez, me viste cuando me levanté y seguí caminando… tambaleándome en tu sonrisa, en la mueca mía.
¡Oh, te he vivido!
Quería ser tú cuando cumplí cinco. Admiración vieron mis ojos dentro de mí, dentro de ti, nosotros.
Sentí el cansancio tuyo, nuestro… cuando tus brazos y pies llegaban a descansar de su labor a casa… la tuya, la mía, la nuestra. En tus brazos me tomabas y suspirabas… tus cordones desataba, aliviaba tu quebranto. No para de trabajar tu mente, tu alma… has estado vendido al bien por siglos que no has vivido.
Sentí el enojo en tu pecho, lo sentí cuando de mi boca salieron palabras hirientes, repensadas luego y pesadas a mi corazón en desvelos.
¡Oh, nos hemos vivido!
Tu has sido en mí, en ti yo he sido. Soñaste mi vuelo y esperas, esperas en el aeropuerto de tus deseos bienintencionados mi regreso… el nuestro.
Doraly Castillo Sánchez
Deja un comentario